Mi Camino

Debora, el zumbado de la estacion, Alberto, el padre y la hija vascos, argentino diabetico ciclista, monjas, hospitaleras, colombianos, la chica del caballo, las Anas, papa noel, Gina, Japonesa de Osaka, los chavales de Madrid, el Americano, hospitalero frances, Pasitos, Hispano-holandes, ciclistas accidentados, scouts belgas, el mago de astorga, Juan, ciclistas madrileños, belga bigotudo, hospitaleros Foncebadon, profesor murciano, Melenas, pareja andaluza, Olga, Miquel, vascas, señora de Molinaseca, hippie inglesa, hospitaleros Ponferrada, Panzer & Bulldozer, panadera jaca, medico gay, madrileño cabreado, militar, las sherpas, los de León, Barman polaco, Milf y amigos, señor Miyagui, señor Paik e hija (Mateo y Jennifer), señor Kwon y señora, señor Miyamoto, Perro Pachón, señora carnosa, pareja italiana hippie, los chavales jovenes misteriosos, profesara gallega, famila de Vitoria, pareja joven del Mundial, pareja de hostales, chavales inocentes con periodista, holandeses con 2000 km encima, abuela marchosa de 78 años, Hilario el “Hilarious”, Patillas y novia, hippie colgado, grupo de Zamora, abuela colombiana y nietos, pareja eslovena, milf italianas, americano de la chica estrabica, las divinas de Pureza de María, ciclista de Pedrola y sus primos, peregrino y sus padres, chica corredora… y multitud de gente que me dejo por poner que formaron parte de mi Camino

Camino de Santiago

Desde el día 30 de Junio al 15 de Julio estuve inmerso en esa pequeña “aventura” que es el Camino de Santiago. Pero el Camino no es el andar un numero de kilómetros para llegar hasta Santiago de Compostela si no la gente que te encuentras en él, ellos hacen “tu camino”.

En mi opinión lo mejor del Camino son esas personas, con las que compartes vivencias, experiencias, recuerdos y otras muchas cosas. Cada vez que llegabas a un albergue y te sentabas a comer o en la habitación pertinente las conversaciones fluían rápidamente, en un principio sobre el lugar de origen y partida del Camino y luego derivaba hacia otros temas. Escuchabas a la gente y la gente te escuchaba, no importaba el origen, el idioma… porque con ayuda de todos nos entendíamos.
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Los paisajes que ví en mi trayecto también se merecen una mención desde los páramos castellanos hasta las corredoiras gallegas, cada uno con su encanto desde luego.

Sin duda repetiré la experiencia.